Del 19 al 23 de febrero de 2026

Un viaje marcado por un ambiente de profunda emoción y gratitud
Del 19 al 23 de febrero de 2026, un grupo de peregrinos de la Asociación Parroquial Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa y de la Parroquia de la Encarnación de Marbella, tuvimos la alegría de realizar una inolvidable peregrinación a la ciudad de París. El viaje fue organizado por ambas comunidades parroquiales y gestionado por la agencia GS Travel, que contribuyó a que todo transcurriera con gran armonía.
Devoción a la Virgen de la Medalla Milagrosa
A todos los que participamos nos unía un mismo sentimiento: la devoción a la Virgen de la Medalla Milagrosa, verdadero motor de esta peregrinación. Con ese espíritu recorrimos la ciudad y compartimos momentos de fe, convivencia y fraternidad.
Durante estos días, visitamos algunos de los lugares más emblemáticos de esta hermosa ciudad: la basílica del Sacré-Cœur en Montmartre, la majestuosa Ópera, las famosas Galeries Lafayette, el impresionante Palacio de Versalles, Disney, la Torre Eiffel, Notre Dame, el Trocadéro, la Sainte-Chapelle, Montmartre, el Barrio Latino, el Panteón, la plaza Vendôme, entre otros muchos rincones llenos de historia y belleza.






Uno de los momentos más especiales del viaje fue la celebración de Eucaristías, presididas por Don José Sánchez Herrera, en dos lugares muy significativos: la preciosa iglesia de Saint-Médard y la cripta del Sacré-Cœur, donde pudimos vivir momentos de oración y recogimiento.
Santuario de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa
Sin embargo, el día más importante de nuestra peregrinación fue el 22 de febrero. Ese día nos dirigimos a la Capilla Santuario de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa, en la Rue du Bac, lugar donde tuvieron lugar las apariciones de la Virgen a Santa Catalina Labouré. Allí celebramos la Eucaristía, presidida por Don José Sánchez Herrera, en un ambiente de profunda emoción y gratitud. Durante la celebración realizamos también una ofrenda floral a la Virgen, como signo de nuestro amor y devoción. Asimismo, los peregrinos participaron con un hermoso ofertorio preparado por los devotos, que hizo la celebración aún más especial y significativa para todo el grupo.






Tras la celebración, muchos de nosotros nos postramos ante el altar para pedir la intercesión de la Virgen y agradecer las gracias recibidas. Fue un momento de gran intensidad espiritual para todo el grupo. En la capilla pudimos contemplar también el sillón donde la Virgen apareció y conversó con Santa Catalina Labouré, así como los cuerpos incorruptos de Santa Catalina Labouré y de Santa Luisa de Marillac, que se conservan en este santuario.


Más allá de los monumentos y lugares visitados, lo más valioso de esta peregrinación ha sido lo vivido como comunidad: la convivencia, la oración compartida, las conversaciones llenas de esperanza y la cercanía entre todos. Han sido días memorables, en los que también han nacido nuevas amistades, fortalecidas por la fe que compartimos.
Regresamos a casa con el corazón lleno de gratitud al Señor por tantos dones recibidos durante estos días. Confiamos a la Virgen de la Medalla Milagrosa nuestras familias, nuestras parroquias y nuestras intenciones, pidiéndole que interceda ante su Hijo, Jesucristo, para que nos conceda las gracias que necesitamos y nos ayude a caminar siempre más cerca de Él.
Que esta peregrinación no sea solo un hermoso recuerdo, sino también un impulso para vivir con mayor fidelidad el Evangelio, crecer en la fe y continuar caminando juntos como comunidad cristiana, bajo la protección amorosa de María, que siempre nos conduce hacia su Hijo.